Después de escuchar a Joseph Diamond hay que coincidir con que el título de éste, su primer disco, es absolutamente apropiado. No es, de lejos, el neoyorquino término medio que describen las revistas, lleno de angustias, temores y con tendencia a la soledad. Por el contrario, su música está llena de vitalidad y calidez, y sus manos tejen armonías sobre el piano con remembranzas muy posiblemente adquiridas del ambiente latino predominante en la Gran Manzana. Díganlo si no los nombres de algunos números: "Qué Rico!", "Cuchifrito", "Un Hombre", "Montoya" y "Julia", que confunden un poco cuando leemos en la reseña que este hombre no tiene una sola gota de sangre latina. Pero Joseph estudió los secretos del jazz y se preparó durante años tocando con músicos latinos y experimentando con nuevos sonidos, como arreglista y compositor. Cuando estuvo listo, llevó su trabajo a los estudios de grabación acompañado de un excelente equipo de músicos. Su caso debe servir como ejemplo a tantos artistas que queman su oportunidad por la impaciencia de grabar, quedando con su ilusión al lado del camino.

Manny - Vista Magazine